Pero quizá arguya alguno que existen en la Escritura muchísimos hechos que no parecen poder explicarse de ningún modo por causas naturales; como que los pecados y las súplicas de los hombres pueden ser causa de la lluvia y de la fertilidad de la tierra, o que la fe pudo curar a los ciegos, y otras cosas similares que se hallan en los sagrados libros. Por mi parte, creo haber respondido ya a esto, puesto que he probado que la Escritura no enseña las cosas por sus causas próximas, sino que, tanto en el orden como en el estilo, narra las cosas de la forma que mejor puedan mover a los hombres y principalmente a la plebe a la devoción; de ahí que hable en términos muy impropios de Dios y de las cosas, porque no se propone convencer a la razón, sino impresionar la fantasía e imaginación de los hombres y dominarla. Porque, si la Escritura relatara la devastación de un Estado tal como suelen hacerlo los historiadores políticos, no impresionaría a la plebe; por el contrario, si lo describe todo poéticamente y lo refiere a Dios, como suele hacer, le impresiona al máximo. Por tanto, cuando la Escritura cuenta que la tierra es estéril a causa de los pecados de los hombres o que los ciegos se curan por la fe, no debe afectarnos más que cuando dice que Dios se irrita o entristece por los pecados de los hombres, que se arrepiente del bien prometido o hecho, o que Dios, porque ve un signo, recuerda su promesa, y otras muchísimas cosas que o bien están expresadas poéticamente o bien están descritas según las opiniones y prejuicios del escritor.
Spinoza, Tratado teológico-político. Alianza Editorial, 1986. p.182-3.
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viernes, 13 de marzo de 2009
viernes, 6 de marzo de 2009
Tribulación inminente
Pienso que, contando con la tribulación inminente, lo mejor es eso, que el hombre se quede como está. ¿Estás vinculado a una mujer? No busques desligarte. ¿No estás vinculado a una mujer? No busques mujer. No obstante, si te casas no pecas, y la soltera, si se casa, no peca; pero tendrán que cargar con penalidades corporales, y yo quiero ahorrároslas. En una palabra, hermanos, el tiempo apremia: en adelante los que tengan mujer vivan como si no la tuvieran, los que lloran como si no lloraran, los que se alegran como sino se alegraran, los que compran como si no poseyeran, los que usan del mundo como si no disfrutaran. Pues la representación de este mundo se está acabando.
Primera carta a los corintios. 7, 26-31. Luis Alonso Schökel, Biblia del Peregrino. Ediciones Mensajero, 2001.
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miércoles, 7 de enero de 2009
Leyes sobre la guerra
»Después hablarán los alguaciles a la tropa: 'Quien haya edificado una casa y no la haya estrenado, que se retire y vuelva a su casa, no vaya a morir en combate y la estrene otro'. 'Quien haya plantado una viña y no la haya vendimiado todavía, que se retire y vuelva a casa, no vaya a morir en combate y la vendimie otro'. 'Quien esté prometido a una mujer y no se haya casado todavía, que se retire y vuelva a casa, no vaya a morir en combate y otro se case con ella'.
»Los alguaciles añadirán a la tropa: 'Quien tenga miedo y se acobarde, que se retire y vuelva a casa, no vaya a contagiar su cobardía a sus hermanos'.
»Cuando los alguaciles hayan terminado de arengar a la tropa, se nombrarán jefes al mando de la tropa.
»Cuando te acerques a atacar una ciudad, primero propónle la paz. Si ella te responde 'Paz' y te abre las puertas, todos sus habitantes te servirán en trabajos forzados; pero si no acepta tu propuesta de paz, sino que mantiene las hostilidades, le pondrás sitio, y cuando el Señor la entregue en tu poder, pasarás a cuchillo a todos sus varones.
Las mujeres, los niños, el ganado y demás bienes de la ciudad los tomarás como botín, y comerás el botín de los enemigos que te entregue el Señor, tu Dios.
»Lo mismo harás con todas las ciudades remotas que no pertenecen a los pueblos de aquí. Pero en las ciudades de estos pueblos cuya tierra te entrega el Señor, tu Dios, en heredad no dejarás un alma viviente: dedicarás al exterminio a hititas, amorreos, cananeos, fereceos, heveos y jebuseos, como te mandó el Señor, para que no os enseñen a cometer las abominaciones que ellos comenten con sus dioses y no pequéis contra el Señor, vuestro Dios.
Deuteronomio 20, 5-18. Luis Alonso Schökel, Biblia del Peregrino. Ediciones Mensajero, 2001.
»Los alguaciles añadirán a la tropa: 'Quien tenga miedo y se acobarde, que se retire y vuelva a casa, no vaya a contagiar su cobardía a sus hermanos'.
»Cuando los alguaciles hayan terminado de arengar a la tropa, se nombrarán jefes al mando de la tropa.
»Cuando te acerques a atacar una ciudad, primero propónle la paz. Si ella te responde 'Paz' y te abre las puertas, todos sus habitantes te servirán en trabajos forzados; pero si no acepta tu propuesta de paz, sino que mantiene las hostilidades, le pondrás sitio, y cuando el Señor la entregue en tu poder, pasarás a cuchillo a todos sus varones.
Las mujeres, los niños, el ganado y demás bienes de la ciudad los tomarás como botín, y comerás el botín de los enemigos que te entregue el Señor, tu Dios.
»Lo mismo harás con todas las ciudades remotas que no pertenecen a los pueblos de aquí. Pero en las ciudades de estos pueblos cuya tierra te entrega el Señor, tu Dios, en heredad no dejarás un alma viviente: dedicarás al exterminio a hititas, amorreos, cananeos, fereceos, heveos y jebuseos, como te mandó el Señor, para que no os enseñen a cometer las abominaciones que ellos comenten con sus dioses y no pequéis contra el Señor, vuestro Dios.
Deuteronomio 20, 5-18. Luis Alonso Schökel, Biblia del Peregrino. Ediciones Mensajero, 2001.
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