La única vía para el descubrimiento de brahman es la revelación, en el sentido de levantar todos los velos de la existencia, incluido el del ego, es decir, el del mismo ego de quien emprende el ascenso, o más bien el descenso, en busca de brahman. En su camino hacia el descubrimiento del fundamento último, el ego no puede seguir las huellas hasta el final. Si lo intenta, inevitablemente desaparece; sólo permanece y sobrevive si se detiene en su camino. «El que vuelve, sólo vuelve porque no llegó más que a la mitad del camino...", escribió el místico al-Misrī, refiriéndose a la ascensión de Mohammad. Sólo el aham, el Yo, permanece absoluto, el uno sin segundo, el ātman.
Raimon Panikkar, La Trinidad. Una experiencia humana primordial. Ed. Siruela, 1998. p.58
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miércoles, 15 de abril de 2009
viernes, 5 de diciembre de 2008
El fuego no lo quema
Quien cree que él mata,
quien cree que él es muerto,
ni uno ni otro saben:
él no mata, él no es muerto.
Este antiguo ser
no nace, no muere jamás,
habiendo dejado, debiendo dejar alguna vez de ser;
es no-nacido, eterno, perpetuo;
no es muerto cuando el cuerpo es muerto
Aquel hombre que sabe que este ser
es imperecedero, eterno, no-nacido, inalterable,
¿cómo aquél, oh hijo de Prithā,
podría matar,
podría hacer matar, a quién?
Así como un hombre,
dejando sus viejos vestidos,
toma otros nuevos,
así el ser encarnado,
dejando sus viejos cuerpos,
entra en otros nuevos.
Las armas no lo cortan,
el fuego no lo quema,
las aguas no lo mojan,
el viento no lo seca.
Bhagavad Gītā. Círculo de Lectores, 2000. pp. 49-50
quien cree que él es muerto,
ni uno ni otro saben:
él no mata, él no es muerto.
Este antiguo ser
no nace, no muere jamás,
habiendo dejado, debiendo dejar alguna vez de ser;
es no-nacido, eterno, perpetuo;
no es muerto cuando el cuerpo es muerto
Aquel hombre que sabe que este ser
es imperecedero, eterno, no-nacido, inalterable,
¿cómo aquél, oh hijo de Prithā,
podría matar,
podría hacer matar, a quién?
Así como un hombre,
dejando sus viejos vestidos,
toma otros nuevos,
así el ser encarnado,
dejando sus viejos cuerpos,
entra en otros nuevos.
Las armas no lo cortan,
el fuego no lo quema,
las aguas no lo mojan,
el viento no lo seca.
Bhagavad Gītā. Círculo de Lectores, 2000. pp. 49-50
Etiquetas:
Bhagavad Gītā,
hinduísmo,
reencarnación,
religión
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