Sexto encuadre. Aparece el rostro de Steve Canyon. Belleza masculina, de rasgos marcados, una cara firme y tensa: madurez y vigor. Nos remite a una serie de estereotipos holliwoodianos, desde Van Jhonson a Cary Grant. LA corriente de simpatía con el rostro de Steve no se funda, pues, en una mera virtud evocadora del hecho plástico, sino en la cualidad de «signo» que el hecho plástico asume y que nos remite, con función jeroglífica, a una serie de tipos de estándar, de ideas sobre virilidad que forman parte de un código conocido por el lector. La simple delimitación gráfica de los contornos constituye el elemento convencional de un lenguaje. En resumen, Steve es elemento iconográfico estudiable iconológicamente como el santo de una miniatura, con sus atributos canónicos y un tipo de terminado de barba o aureola. Steven abre luego la puerta de su despacho; que el despacho es suyo se nos advierte por medio del nombre qu figura en el cristal. En cuanto a la razón social de la empresa, no hace más que acrecer la impresión, la fascinación de la situación y el personaje. Jugueteando con la expresión financiera limited, la empresa de Steve se llama Horizons Unlimited, horizontes ilimitados. ¿Exportación, investigaciones arqueológicas, viajes espaciales, transportes aéreos, investigaciones policíacas, contrabando, compra-venta de secretos atómicos? Probablemente, como se verá por las viñetas siguientes, se trata de una agencia dedicada a asuntos de toda clase, una agencia que ha hecho del riesgo su actividad profesional.
Umberto Eco, Lectura de «Steve Canyon». En: Apocalípticos e integrados. Ed. Tusquets, 2003. p.147-8.
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miércoles, 25 de marzo de 2009
miércoles, 31 de diciembre de 2008
Continuum musical
En el campo de la música ligera -sin plantearnos el problema de la validez estética de este género de producto- el disco, la radio, el hilo musical, y el juke box proporcionan al hombre de hoy una especie de «continuum musical» en el que moverse en todos los momentos del día. El despertar, las comidas, el trabajo, las compras en los grandes almacenes, la diversión, el viaje en coche, el amor, la excursión, el momento que precede al sueño, se desarrollan en este «acuario sonoro» en el que la música ya no se consume como música, sino como «rumor». Este rumor se ha hecho hasta tal punto indispensable que sólo dentro de algunas generaciones será posible percatarse del efecto de semejante práctica sobre la estructura nerviosa de la humanidad.
Umberto Eco, La música y la máquina. Extraído de: Apocalípticos e integrados. Ed. Tusquets, 2003. p.291.
Umberto Eco, La música y la máquina. Extraído de: Apocalípticos e integrados. Ed. Tusquets, 2003. p.291.
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