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lunes, 1 de febrero de 2010

Historia del Arte

El curso de Historia del Arte tenía lugar en una cómoda sala de conferencias. El profesor se ayudaba de un puntero para comentar las obras de arte que iba proyectando. La sala, sumida en la oscuridad, parecía un cuerpo que respirara con pasión y prudencia. Asistían parejas mundanas, alumnas que despreciaban el sentimentalismo y alumnos que sabían aprovechar lo que ellas no despreciaban. Se sentaban todos muy juntos, con las carteras y los abrigos sobre las rodillas. Todos ensayaban, con los dientes apretados, el mismo gesto aprendido en alguna novela en vogue. Poco a poco dejaban de sentirse cohibidos. Todos sabían que su vecino o su vecina estaban igual de excitados que ellos. Nadie se molestaba por un suspiro demasiado sincero. La luz los sorprendía a todos ruborizados, nerviosos y sofocados.

Los rumores sobre lo que se cocía en el curso de Historia del Arte llegaron sorprendentemente lejos. Así, solíamos encontrarnos a la salida con alumnos de la Politécnica e incluso con alumnas de Farmacia. Un amigo de Derecho venía siempre con un señorita guapa y vivaracha que no había logrado aprobar la formación profesional. Las pocas estudiantes formales que asistían se refugiaban en los primeros pupitres o se sentaban en las sillas plegables. Los chicos se mostraban descarados.

También los profesores estaban al corriente de lo que sucedía en la sala de conferencias. Pero el curso de Historia del Arte sólo se podía impartir en la oscuridad. Además, el vicio era inofensivo y la práctica, universal.

Mircea Eliade, La novela del adolescente miope. Editorial Impedimenta, 2009. p. 298.

lunes, 5 de enero de 2009

Semper virgo

La posición que se impondrá está expresada, en el siglo II, por el Protoevangelio de Santiago: María permaneció virgo in partu y post partum, es decir, fue semper virgo. En el conjunto de los personajes del escenario primordial cristiano, María terminó asumiendo un papel cada vez más sobrenatural. Así, el segundo concilio de Nicea (789) la coloca por encima de los santos, a los cuales se les reserva simplemente la reverencia (douleia), mientras que a María se le debe tributar la «superreverencia» (hyperdouleia). Insensiblemente María se convierte en un personaje de la familia divina: la Madre de Dios. La dormitio virginis se transforma en Maria in caelis adsumpta; María, a quien los Franciscanos excluyen del pecado original, termina convirtiéndose en Mater Ecclesiae, mediatrix e intercessor en favor del género humano ante Dios. De esta manera el cristianismo instaura en el cielo un modelo familiar mucho menos riguroso e inexorable que el patriarcado solitario del Dios bíblico.

Mircea Eliade, Ioan P. Couliano, Diccionario de las religiones. Paidós, 2007. pp. 133-4

lunes, 8 de diciembre de 2008

Costumbres de los khond de la India

El meriah era una víctima voluntaria, comprada por la comunidad; se le dejaba con vida durante años, podía casarse y tener hijos. Pocos días antes de sacrificarle, el meriah era consagrado, es decir, identificado con la divinidad a la que se le iba a sacrificar: la multitud danzaba a su alrededor y le veneraba. A continuación, oraban a la tierra: "Oh, Diosa, te ofrecemos este sacrificio; ¡concédenos buenas cosechas, buenas estaciones y buena salud!" Y se añadía volviéndose hacia la víctima: "Te hemos comprado y no te hemos retenido por la fuerza; ¡ahora te sacrificaremos según la costumbre y que no caiga pecado alguno sobre nosotros!". La ceremonia también incluía una orgía que duraba varios días. Al final se drogaba al meriah con opio y, tras estrangularle, se le cortaba en pedazos. Todos los pueblos recibían un fragmento de su cuerpo, que se enterraba en los campos. El resto del cuerpo se quemaba, y las cenizas se desparramaban sobre la tierra.

Mircea Eliade, Mitos, sueños y misterios; p. 217. Ed. Kairós.