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lunes, 18 de enero de 2010

Sobre el cuarto mandamiento de la Iglesia

P. El precepto de ayunar, ¿a qué nos obliga?
R. A no hacer al día más que una comida propiamente dicha; pero se permiten por la mañana un ligero desayuno y la colación por la noche.

P. ¿A qué hora debe comerse?
R. De mediodía en adelante, o poco antes.

P. ¿Y védasenos beber en día de ayuno?
R. No, ni antes ni después del mediodía.

P. ¿Cuánta debe ser la colación de la noche?
R. Cuanta se usa comúnmente entre gente de buena conciencia.

P. El precepto de abstinencia, ¿a qué nos obliga?
R. A no tomar la carne ni su caldo.

P. ¿Qué días son de ayuno y abstinencia en España?
R. En España, como en el resto del mundo, el ayuno obliga sólo el miércoles de Ceniza y el Viernes Santo.

P. ¿Y la abstinencia?
R. La abstinencia obliga el miércoles de ceniza, y todos los viernes del año. Pero en los viernes que no son de Cuaresma, cada uno puede cambiar la abstinencia por cualquier obra de piedad, apostolado, o caridad; v. gr. rezar el Rosario, asistir a Misa, enseñar el Catecismo, dar una limosna, etc.

P. ¿A qué edad obligan?
R. La abstinencia a los catorce años cumplidos. El ayuno a los veintiuno cumplidos hasta los sesenta comenzados.

P. ¿Obligan el ayuno y abstinencia en los días festivos?
R. No, señor.

P. ¿Quiénes están excusados del ayuno?
R. Los que no puedan cómodamente por enfermedad, o necesidad de trabajar.

P. ¿Qué hará el que no tiene obligación de ayunar por no tener edad?
R. Imponerse para cuando la tenga.

Catecismo de la doctrina cristiana por el P. Gerónimo Ripalda, S.J. Granada, 1982. p. 50-2.

viernes, 10 de julio de 2009

A solas y a puerta cerrada

Evita comer en compañia. No le gusta hacerlo a horas fijas. Aborrece haber de esperar más de dos minutos para que le sirvan, y consumir más de cinco en la función de alimentarse. Por esta razón, se nutre principalmetne de pan y mantequilla. Y prefiere el agua como bebida. Opina que alimentarse es una actividad muy íntima, y que debería efectuarse en un cuartito, a solas y a puerta cerrada. Come, llegado el momento -poco frecuente-, con indiferencia, de manera distraída. Vino a verme en su motocicleta de carreras a la hora del desayuno: había salvado trescientos sesenta kilómetros en trescientos minutos. No quiso desayunar. Le pregunté luego cómo era el rancho del campamento.
-Raramente lo pruebo, pero es bastante bueno. Ahora estoy en el almacén de intendente, de modo que necesito muy poca cosa.
-¿Cuándo comió por última vez? -pregunté.
-El miércoles.
Por lo visto había consumido algo de chocolate, una naranja y una taza de té. Estábamos a sábado. Creo haber colocado unas manzanas a su alcance y, al cabo de cierto tiempo, tomó una. La fruta es su único sibaritismo [...] Tiene la costumbre de renunciar de tarde en tarde a la comida durante tres días -en pocas ocasiones cinco- para comprobar que puede efectuarlo sin preocuparse ni resentirse. El ayuno, a su juicio, aguza la percepción y es buen ejercicio preparatorio para los malos tiempos. Y han abundado en su existencia.

Robert Graves, Lawrence y los árabes. Ediciones Península, 2006. p. 37.