Mostrando entradas con la etiqueta cirugía. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta cirugía. Mostrar todas las entradas

miércoles, 23 de septiembre de 2009

Protóxido de nitrógeno

La mañana de ese día, el Hartford Courant, diario de la pequeña localidad, publicaba un anuncio de propaganda de carácter muy singular. Decía: "Hoy, martes, 10 de diciembre de 1844, en la Union Hall tendrá lugar una exhibición de los fenómenos producidos por la inhalación del "protóxido de nitrógeno", conocido vulgarmente con el nombre de "gas hilarante", o "gas de la alegría". Hay cuareta galones de este gas a disposición de los espectadores que quieran probarlo. Se ha encontrado cuatro hombres forzudos que cuidarán de que las personas que respiren el gas no se lesionen a sí mismas ni a los demás. Los efectos del gas en las personas que lo respiran consisten en que éstas, según su temperamento, se ponen a cantar, bailar, reír, hablar o luchar. Post Scriptum: Sólo se permitirá respirar el gas a caballeros sumamente distinguidos, con el fin de garantizar el carácter absolutamente serio de la exhibición. Es imposible describir con palabras las maravillosas sensaciones provocadas por el gas. El poeta Robert Southey dijo una vez que el gas nos transporta a una atmósfera celeste. Al comenzar la exhibición se dará a conocer a los interesados la manera cómo se obtiene el gas. El señor Colton ha organizado una sesión gratuita y especial para las damas que deseen probarlo. Tendrá lugar el jueves, de once a una de la mañana, y sólo se permitirá la entrada a las señoras. La exhibición empieza a las siete. Precio de la entrada 25 centavos".

Jürgen Thorwald, El siglo de los cirujanos. Ediciones Destino, 2002. p.100.

miércoles, 12 de noviembre de 2008

Lobotomía transorbital

Pero el mayor eco [del trabajo de Egas Moniz] se produjo en Estados Unidos, donde el neurólogo Walter Freeman inventó una nueva vía quirúrgica que denominó lobotomía transorbital. Describía el procedimiento del modo siguiente:

"La técnica consiste en aturdir a los pacientes con un golpe y, mientras están bajo el efecto del «anestésico», introducir con fuerza un picahielo entre el globo ocular y el párpado a través del techo de la órbita, hasta alcanzar el lóbulo frontal; en este punto se efectúa un corte lateral moviendo el instrumento de una parte a otra. Lo he practicado en ambos lados a dos pacientes y a otro en un lado sin que sobreviniera ninguna complicación, excepto en un caso un ojo muy negro. Puede que surjan problemas posteriores, pero parece bastante fácil, aunque ciertamente es algo desagradable de contempar. Hay que ver cómo evolucionan los casos, pero hasta ahora los pacientes han experimetnado un alivio de los síntomas, y sólo algunas de las nimias dificultades de comportamiento que siguen a la lobotomía. Incluso son capaces de levantarse e irse a casa al cabo de más o menos una hora."

Lo fácil que resultaba practicar la psicocirugía, con un simple picahielo, no causó consternación ni horror, como debiera haber ocurrido, sino emulación. En 1949 se habían practicado más de diez mil operaciones en los Estados Unidos, y otras tantas en los dos años que siguieron. Moniz fue ampliamente aclamado como un «salvador» y en 1951 recibió el Premio Nobel, la culminación, en palabras de Macdonald Critchley, de «esta crónica de vergüenza».

Oliver Sacks, Un antropólogo en Marte;p. 92-3. Ed. Anagrama, 2003.