«Nosotros, el omnipotente Lucifer, secundado por Satanás, Belcebú, Leviatán, Elimi, Astaroth y otros, aceptamos en el día de hoy el pacto de sumisión de Urbain Grandier, quien está de nuestra parte. Y le prometemos el amor de las mujeres, la flor de las vírgenes, la castidad de las monjas, los honores del mundo, los placeres y las riquezas. Fornicará cada tres días; la embriaguez será querida para él. Nos ofrecerá una vez al año un tributo marcado con su sangre; pisoteará los Sacramenteos de la Iglesia, y nos rezará a nosotros sus oraciones. En virtud de este pacto, vivirá feliz durante veinte años en la tierra, entre los hombres, y finalmente vendrá a nosotros para maldecir a Dios. Hecho en el infierno, en la asamblea de los diablos».
Frank Donovan, Historia de la brujería. Editorial Alianza, 1978. p.124.
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lunes, 21 de diciembre de 2009
miércoles, 7 de octubre de 2009
Alguien hundirá su cuchillo en la garganta de Kidok
-Alguien hundirá su cuchillo en la garganta de Kidok, le cortará las orejas y se las pondrá en la boca; luego le abrirá el pecho y le extraerá el corazón aún caliente. Después le cortará la cabeza y se la pondrá sobre el pecho. Luego le hará saltar los ojos y se los pondrá sobre la cabeza. ¡Eso le servirá de lección!
-Si lo matas -le advirtió Anarvik -ya nadie te recibirá en su iglú.
-¿ Ni siquiera tú?
-Ni siquiera yo. No recibimos asesinos.
Ernenek se quedó pensativo. La expulsión de la comunidad era la única pena conocida por esa gente que ignoraba la existencia de autoridades, códigos y prisiones; pero una pena temida, tanto como se teme la muerte, por quien considera la compañía humana como el más precioso de los bienes; y Ernenek se maravillaba de que un simple asesinato se castigara con tanto rigor, puesto que él mismo no veía en el acto de dar muerte a un hombre ningún mal. Después de todo, era precisamente lo que hacían los machos jóvenes de las focas cuando mataban a sus compañeros más viejos por la posesión de la hembra.
Y todo cuanto hacían las focas a Ernenek le parecía bien hecho.
Hans Ruesch, El país de las sombras largas. Ediciones del Viento, 2008. p.25
Y todo cuanto hacían las focas a Ernenek le parecía bien hecho.
Hans Ruesch, El país de las sombras largas. Ediciones del Viento, 2008. p.25
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viernes, 2 de octubre de 2009
Inventario de los bienes dejados por el difunto, Benedictus de Spinosa, natural de Amsterdam, fallecido el 21 de febrero de 1677
Lanas. En primer lugar, una cama, una almohada, dos almohadones, una colcha blanca y otra roja, dos sábanas, cortinas, volante y colcha. [Además], un abrigo turco negro y otro de color; una chaqueta de tela de color con una almilla y un pantalón de tela de color, una chaqueta turca negra y un pantalón turco y negro; una chaqueta vieja de sarga, un par de medias de punto negras; dos sombreros negros, un manguito con un par de guantes; un par de zapatos negros y otos grises, un viejo bolso de viaje a rayas y un gorro viejo de guata.
Ropa blanca. Dos pares de sábanas, seis fundas de almohada, dos bolsas de ropa; siete camisas, diecinueve alzacuellos, otro alzacuellos; diez pares de puños, buenos y malos; cuatro pañuelos de algodón, con otro pañuelito a cuadros; catorce pares de calcetines de hilo y otro más, entre buenos y malos; una bufanda, con dos corbatas de algodón, y dos pañuelos malos.
[Se omite aquí el extenso catálogo de libros de la biblioteca de Spinoza]
Objetos de madera. Una mesita de roble, otra mesita de roble de tres patas, dos mesitas de abeto cuadradas con un cajón, una caja de color, una librería de roble con cinco anaqueles, un cofre viejo, un juego de ajedrez en una bolsa, un molino de pulir y los utensilios correspondientes, junto con un telescopio inservible, y junto a él otro útil, así como algún vidrio y tubos de hojalata.
Pinturas. Un retrato con un marco negro brillante, así como un embutido de laboratorio.
Objetos de plata. Un par de hebillas de plata, un pequeño sello colgado de una llave de hierro.
Atilano Domínguez (comp.), Biografías de Spinoza. Alianza Editorial, 1995. p. 203-220
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lunes, 18 de mayo de 2009
Sólo el dios lo sabe
Únicamente les pido [a mis acusadores]: atormentad a mis hijos cuando sean mayores, como yo os he atormentado a vosotros, si os parece que se ocupan más de la riqueza que de la virtud, y si creen ser algo, no siendo nada; reñidles, como yo a vosotros, si se enorgullecen sin motivo. Si lo cumplís, me habréis honrado a mí y a mis hijos. Pero ya llegó el instante de partir: yo hacia la muerte y vosotros hacia la vida. Quién de nosotros parte hacia lo mejor, sólo el dios lo sabe.
Platón, Diálogos. Apología de Sócrates, Critón, Laques, Fedón. Editorial Bruguera, 1983. p.77.
Platón, Diálogos. Apología de Sócrates, Critón, Laques, Fedón. Editorial Bruguera, 1983. p.77.
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