George Orwell, Nineteen Eighty-Four. Penguin Books, 2000. p. 36
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miércoles, 20 de mayo de 2009
(If it was 1984)
Since about that time, war had been literally continuous, though strictly speaking it had not always been the same war. For several months during his childhood there had been confused street fighting in London itself, some of which he remembered vividly. But to trace out the history of the whole period, to say who was fighting whom at any given moment, would have been utterly impossible, since no written record, and no spoken word, ever made mention of any other alignment than the existing one. At this moment, for example, in 1984 (if it was 1984), Oceania was at war with Eurasia and in alliance with Eastasia. In no public or private utterance was it ever admitted that the three powers had at any time been grouped along different lines. Actually, as Winston well knew, it was only four years since Oceania had been at war with Eastasia and in alliance with Eurasia. But that was merely a piece of furtive knowledge which he happened to posses because his memory was not satisfactorily under control. Officially the change of partners had never happened. Oceania was at war with Eurasia: therefore Oceania had always been at war with Eurasia. The enemy of the moment always represented absolute evil, and it followed that any past or future agreement with him was impossible.
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viernes, 9 de enero de 2009
But Africa
One had to blame the Germans for the situation. Tendency to bite off more than they could chew. After all, they had barely managed to win the war, and at once they had gone off to conquer the solar system, while at home they had passed edicts which... well, at least the idea was good. And after all, they had been successful with the Jews and Gypsies and Bible Students. And the Slavs had been rolled back two thousand years' worth, to their heartland in Asia. Out of Europe entirely, to everyone's relief. Back to riding yaks and hunting with bow and arrow. And those great glossy magazines printed in Munich and circulated around to all the libraries and news-stands... one could see the full-page colour pictures for oneself: the blue-eyed, blond-haired Aryan settlers who now industriusly tilled, culled, ploughed, and so forth in the vast grain bowl of the world, the Ukraine. Those fellows certainly looked happy. And their farms and cottages were clean. You didn't see pictures of drunken dull-witted Poles any more, slouched on sagging porches or hawking a few sickly turnips at the village market. All a thing of the past, like rutted dirt roads that once turned to slop in the rainy season, bogging down the carts.
But Africa. They had simply let their enthusiasm get the better of them there, and you had to admire that, although more thougthful advice would have cautioned them to perhaps let it wait a bit until, for instance, Project Farmland had been completed. Now there the Nazis had shown genius; the artist in them had truly emerged. The Mediterranean Sea bottled up, drained, made into tillable farmland, through the use of atomic power - what daring!
Philip K. Dick, The Man in the High Castle. Penguin Books, 2001. p.29
But Africa. They had simply let their enthusiasm get the better of them there, and you had to admire that, although more thougthful advice would have cautioned them to perhaps let it wait a bit until, for instance, Project Farmland had been completed. Now there the Nazis had shown genius; the artist in them had truly emerged. The Mediterranean Sea bottled up, drained, made into tillable farmland, through the use of atomic power - what daring!
Philip K. Dick, The Man in the High Castle. Penguin Books, 2001. p.29
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lunes, 1 de diciembre de 2008
Encontradme seres humanos
ALQUIST (Tras una breve pausa se pone en pie, se dirige a la ventana y la abre): Otra vez de noche. Si pudiera dormir. Dormir, soñar, ver seres humanos... ¿Aún hay estrellas? ¿Para qué sirven las estrellas si no hay seres humanos? (Se aleja de la ventana.) Sería capaz de dormir, de atreverme a dormir antes de que se haya reanudado la vida? (Escucha al lado de la ventana.) Las máquinas, siempre estas máquinas. Robots, paradlas. Se ha perdido el secreto de la fábrica..., se ha perdido para siempre. Parad esas rabiosas máquinas. ¿Creéis que podréis sacar vida de ellas? (Cierra la ventana.) No, no; tenéis que investigar. Si yo no fuera tan viejo... (Se mira al espejo) ¡Oh miserable imagen, efigie del último hombre! Muéstrate, muéstrate, hace tanto que no veo un ser humano..., una sonrisa humana... ¿Qué es esa sonrisa? Esos dientes amarillos. Esto es el último hombre. (Se aleja, se sienta a la mesa, pasa hojas de un libro.)
(Llaman a la puerta.)
¿Qué hay?
CRIADO: Señor, Radius ha llegado de Le Havre.
ALQUIST: Que espere. (Volviéndose con ira.) ¿No os he dicho que busquéis seres humanos? Encontradme seres humanos. Encontradme hombres y mujeres. Idos y buscadlos.
CRIADO: Señor, dicen que han mirado por todas partes. Han enviado expediciones y barcos.
ALQUIST: ¿Y qué?
CRIADO: No queda ni un solo ser humano vivo.
ALQUIST (Poniéndose en pie): ¿Ni uno? ¿Ni uno siquiera? Haz pasar a Radius.
(Sale el CRIADO.)
(Solo.) ¿Ni siquiera uno? Entonces, ¿no dejasteis a nadie con vida? (Golpeando con los pies.) Venid, robots. Me volveréis a llorar. Me volveréis a pedir que os descubra el secreto. ¿Qué, estáis satisfechos con el hombre ahora? ¿Os acordáis mucho de él ahora que no podéis fabricar robots? Ahora queréis que os ayude ¿no? Ah, ayudaros. Domin, Fabry, Elena, ya veis que hago todo lo que puedo. Si no hay seres humanos, que por lo menos haya robots, sombras de hombres, imitación de hombres, por lo menos. Amigos, amigos, que, de no haber otra cosa, haya robots. ¡Oh Dios, por lo menos robots! ¡Ay, qué locura la química!
Karel Čapek. RUR. Robots Universales Rossum. Ed. Círculo de Lectores, 2004. pp.125-6
(Llaman a la puerta.)
¿Qué hay?
CRIADO: Señor, Radius ha llegado de Le Havre.
ALQUIST: Que espere. (Volviéndose con ira.) ¿No os he dicho que busquéis seres humanos? Encontradme seres humanos. Encontradme hombres y mujeres. Idos y buscadlos.
CRIADO: Señor, dicen que han mirado por todas partes. Han enviado expediciones y barcos.
ALQUIST: ¿Y qué?
CRIADO: No queda ni un solo ser humano vivo.
ALQUIST (Poniéndose en pie): ¿Ni uno? ¿Ni uno siquiera? Haz pasar a Radius.
(Sale el CRIADO.)
(Solo.) ¿Ni siquiera uno? Entonces, ¿no dejasteis a nadie con vida? (Golpeando con los pies.) Venid, robots. Me volveréis a llorar. Me volveréis a pedir que os descubra el secreto. ¿Qué, estáis satisfechos con el hombre ahora? ¿Os acordáis mucho de él ahora que no podéis fabricar robots? Ahora queréis que os ayude ¿no? Ah, ayudaros. Domin, Fabry, Elena, ya veis que hago todo lo que puedo. Si no hay seres humanos, que por lo menos haya robots, sombras de hombres, imitación de hombres, por lo menos. Amigos, amigos, que, de no haber otra cosa, haya robots. ¡Oh Dios, por lo menos robots! ¡Ay, qué locura la química!
Karel Čapek. RUR. Robots Universales Rossum. Ed. Círculo de Lectores, 2004. pp.125-6
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lunes, 17 de noviembre de 2008
Lugar secreto y oculto
-De lo convenido se desprende -dije- la necesidad de que los mejores cohabiten con las mejores tantas veces como sea posible y los peores con las peores al contrario; y, si se quiere que el rebaño [de los guardianes] sea lo más excelente posible, habrá que criar la prole de los primeros, pero no la de los segundos. Todo esto ha de ocurrir sin que nadie lo sepa, excepto los gobernantes, si se desea también que el rebaño de los guardianes permanezca lo más apartado posible de toda discordia.
-Muy bien -dijo.
-Será, pues, preciso instituir fiestas en las cuales unamos a las novias y novios y hacer sacrificios, y que nuestros poetas compongan himnos adecuados a las bodas que se celebren. En cuanto al número de los matrimonios, lo dejaremos al arbitrio de los gobernantes, que, teniendo en cuenta las guerras, epidemias y todos los accidentes similares, harán lo que puedan por mantener constante el número de ciudadanos de modo que nuestra ciudad crezca o mengüe lo menos posible.
-Muy bien -dijo.
-Será, pues, necesario, creo yo, inventar un ingenioso sistema de sorteo, de modo que, en cada apareamiento, aquellos seres inferiores tengan que acusar a su mala suerte, pero no a los gobernantes.
-En efecto -dijo.
[...]
-Y así, encargándose de los niños que vayan naciendo los organismos nombrados a este fin, [...] tomarán, creo yo, a los hijos de los mejores y los llevarán a la inclusa, poniéndolos al cuidado de unas ayas que vivirán aparte, en cierto barrio de la ciudad; en cuanto a los de los seres inferiores -e igualmente si alguno de los otros nace lisiado-, los esconderán, como es debido, en un lugar secreto y oculto.
Platón, La república; p.277-80. Ed. Alianza, 1995.
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lunes, 10 de noviembre de 2008
Ningunos ojos que puedan contemplarlo
-¿Qué piedrecita?
- Tengo más como ésta. Una es de Kerenea, otra del planetoide de Thomas... ¡pero no pienses que he hecho una colección! Estas piedrecitas se metieron simplemente en las ranuras de mis suelas. Olaf las extrajo, les puso el letrero correspondiente y las conservó. No pude quitarle la idea de la cabeza. Es una tontería, pero... tengo que contarte esto. Sí, he de hacerlo para que no pienses que allí todo era horrible y no ocurría nada más que accidentes mortales. Verás..., imagínate una reunión de mundos. Primero rosa, un espacio infinito del rosa más fino y pálido, y en él , penetrando en él, un segundo espacio ya más oscuro y después de un rojo ya casi azulado, pero muy lejos, y rodeándolo todo, la fosforescencia, sin gravedad, no como una nube ni como la niebla..., diferente. No encuentro palabras para explicarlo. Salimos los dos del cohete y lo contemplamos. Eri, no lo comprendo. Verás, incluso ahora siento un nudo en la garganta , de tan hermoso que era. Piensa esto: allí no hay vida. No hay plantas, animales, ni pájaros, nada, ningunos ojos que puedan contemplarlo. Estoy completamente seguro de que desde la creación del mundo nadie lo había visto, y Arden y yo fuimos los primeros. Y si nuestro gravímetro no se hubiera estropeado, por lo que tuvimos que aterrizar allí para arreglarlo, pues el cuarzo estaba roto y se había escapado el mercurio, nadie habría estado allí hasta el fin del mundo, nadie lo habría visto. ¡Es realmente misterioso! Se tienen unos deseos directos... Oh, no sé... No podíamos irnos, sencillamente. Olvidamos por qué habíamos aterrizado y permanecimos quietos, mirando.
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viernes, 31 de octubre de 2008
Hipnopædia
At the end of the room a loud-speaker projected from the wall. The Director walked up to it and pressed a switch.
'...all wear green', said a soft but very distinct voice, beginning in the middle of a sentence, 'and Delta children wear khaki. Oh no, I don't want to play with Delta children. And Epsilons are still worse. They're too stupid to be able to read or write. Besides, they wear black, which is such a beastly colour. I'm so glad I'm a Beta.'
There was a pause; then the voice began again.
'Alpha children wear grey. They work much harder than we do, because they're so frightfully clever. I'm really awfully glad I'm a Beta, because I don't work so hard. And then we are much better than the Gammas and Deltas. Gammas are stupid. They all wear green, and Delta children wear khaki. Oh no, I don't want to play with Delta children. And Epsilons are still worse. They're too stupid to be able...'
The Director pushed back the switch. The voice was silent. Only its thin ghost continued to mutter from beneath the eighty pillows.
'They'll have that repeated forty or fifty times more before they wake; then again on Thursday, and again on Saturday. A hundred and twenty times three times a week for thirty months. After which they go on to a more advanced lesson.'
Aldous Huxley, Brave New World; p.21. Longman Literature, 2002
'...all wear green', said a soft but very distinct voice, beginning in the middle of a sentence, 'and Delta children wear khaki. Oh no, I don't want to play with Delta children. And Epsilons are still worse. They're too stupid to be able to read or write. Besides, they wear black, which is such a beastly colour. I'm so glad I'm a Beta.'
There was a pause; then the voice began again.
'Alpha children wear grey. They work much harder than we do, because they're so frightfully clever. I'm really awfully glad I'm a Beta, because I don't work so hard. And then we are much better than the Gammas and Deltas. Gammas are stupid. They all wear green, and Delta children wear khaki. Oh no, I don't want to play with Delta children. And Epsilons are still worse. They're too stupid to be able...'
The Director pushed back the switch. The voice was silent. Only its thin ghost continued to mutter from beneath the eighty pillows.
'They'll have that repeated forty or fifty times more before they wake; then again on Thursday, and again on Saturday. A hundred and twenty times three times a week for thirty months. After which they go on to a more advanced lesson.'
Aldous Huxley, Brave New World; p.21. Longman Literature, 2002
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miércoles, 22 de octubre de 2008
Tuberculosis pulmonar
«Procesado que ante nosotros comparecéis, habéis sido acusado del grave delito de hallaros atacado de tuberculosis pulmonar y después de la prueba imparcial hecha ante el jurado formado por vuestros conciudadanos, habéis sido declarado culpable. Contra la justicia de su veredicto no he de pronunciar una sola palabra: los cargos en contra vuestra han resultado abrumadores y sólo me resta dictar una sentencia adecuada a los fines que la ley persigue. Esta sentencia habrá de ser muy severa. Me duele hondamente ver a un hombre tan joven aún, cuyo porvenir se presentaba en todo lo demás tan lleno de esperanzas, llevado a tan lamentable trance por una constitución física que sólo puedo calificar de radicalmente viciada. Mas vuestro caso no admite compasión: éste no es vuestro primer delito; habéis llevado una vida de crímenes y aprovechado la clemencia que os fue demostrada en ocasiones anteriores para delinquir aún más gravemente contra las leyes e instituciones de vuestro país. El año pasado sufristeis una condena por bronquitis con circunstancias agravantes; y veo que, no obstante tener veintitrés años solamente, habéis sido encarcelado hasta catorce veces por padecer enfermedades más o menos aborrecibles. En verdad, no exagero si digo que habéis pasado la mayor parte de vuestra vida en la cárcel.»
Samuel Butler, Erewhon o Allende las montañas; p.132. Ed. Bruguera, 1982.
Samuel Butler, Erewhon o Allende las montañas; p.132. Ed. Bruguera, 1982.
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lunes, 15 de septiembre de 2008
Kippel
-¿Y va a entrar sola en los apartamentos? -No lo podía creer.
-¿Por qué no? -Volvió a estremecerse, e hizo una mueca, consciente de haberse equivocado.
-Una vez lo hice -dijo Isidore-. Después me metí en casa y no volví a pensar en el resto. Apartamentos donde nadie vive..., centenares de ellos. Están llenos de cosas: fotos de familia, ropas... Los que murieron no pudieron llevarse nada, y los que emigraban no querían... Aparte de mi piso, este edificio está completamente kippelizado.
-¿Kippelizado? -Ella no entendía.
-Kippel son los objetos inútiles: las cartas de propaganda, las cajas de cerillas después de que se ha gastado la última, el envoltorio del periódico del día anterior. Cuando no hay gente, el kippel se reproduce. Por ejemplo, si se va usted a dormir y deja un poco de kippel en la casa, cuando se despierta a la mañana siguiente hay dos veces más. Cada vez hay más.
Philip K. Dick, ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?; p.76. Edhasa-Círculo de Lectores, 2004.
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