Blake dibujó, a partir de una de sus visiones, una cabeza a la que llamó "El hombre que construyó las pirámides". Cualquiera puede apreciar tanto la grandeza como el misterio de la idea; y la mayoría de la gente incluso llegaría a desarrollar alguna teoría sobre cómo un gran pintor poético a la manera de Miguel Ángel o Watts la habría tratado. Aquellos habrían podido concebir un rostro de tez oscura y misteriosa, o bien inclinado y reflexivo, o de mirada fija y tropical, o apolíneo y puro. Quienquiera que fuese el hombre que construyó las pirámides, uno cree que debió de ser (para decirlo con suavidad) un hombre inteligente. Miramos el cuadro de Blake y nos sobresalta contemplar el rostro de un idiota. Rectifico, podemos contemplar incluso el rostro de un idiota malvado, un rostro de mirada lasciva, sólo a medias inteligente, que carece de mentón y posee la misma nariz protuberante de un cerdo. Blake afirmó haber pintado el rostro de un verdadero espíritu, y no veo razón alguna para dudar de que así fuera. Pero, siendo así, no se trataba del verdadero hombre que construyó las pirámides: no se trataba del tipo de espíritu con el que a cualquier caballero le gustaría intimar. Esa visión de la estupidez porcina era realmente una desagradable visión que dejaría tras sí el olor de la estupidez demoníaca. Estoy absolutamente convencido de que dejó a Blake más idiota de lo que lo encontró.
Gilbert K. Chesterton, William Blake; p.136-7. Ed. Espuela de Plata, 2007
viernes, 29 de agosto de 2008
miércoles, 27 de agosto de 2008
Siempre que termino un libro
PA: Siempre que termino un libro me asalta una intensa sensación de disgusto y decepción. Es casi un desmoronamiento físico. Me siento tan desilusionado con la pobreza del resultado que no puedo creer que haya dedicado tanto tiempo para conseguir tan poco. Me lleva años aceptar lo que he hecho, comprender que lo hice lo mejor posible. Pero no me gusta volver a las cosas que he escrito. El pasado es el pasado y ya no puedo hacer nada al respecto. Lo único que cuenta es el proyecto en el que estoy trabajando ahora.
JM: Beckett dijo una vez, refiriéndose a uno de sus cuentos: "Antes de que alcance a secarse la tinta, ya me produce repulsión".
PA: Es imposible expresarlo mejor.
Entrevista de Paul Auster con Joseph Mallia. Extraído de: Paul Auster, Experimentos con la verdad; p.158. Anagrama, 2003.
JM: Beckett dijo una vez, refiriéndose a uno de sus cuentos: "Antes de que alcance a secarse la tinta, ya me produce repulsión".
PA: Es imposible expresarlo mejor.
Entrevista de Paul Auster con Joseph Mallia. Extraído de: Paul Auster, Experimentos con la verdad; p.158. Anagrama, 2003.
lunes, 25 de agosto de 2008
Tuesday August 5th
I have decided to become celibate. Sex is very overrated in my opinion. It's all over in a few minutes and is centainly not worth all the fuss and anguish that goes before.
Dear Stephen Fry,
My name is Adrian Mole. I once had the honour of cooking you a dish of tripe, which you pronounced 'unforgettable' (Hoi Polli, Sep. 15th, 1996). You didn't pay us a second visit, to lunch or to dine, but no matter, I still admire your erudition and wit.
I have recently decided to become celibate, and will shortly be turning into a celebrity, and I wondered if you as a celebrity celibate, have any tips on how to cope with both of these conditions. I expect you are busy but I'm sure you won't mind taking some time out of your schedule to advise someone who is practically your doppelgänger. I too am a bit of an intellectual.
Cheers, Steve,
Yours, Adrian Mole
PS. I would appreciate an early reply.
Sue Townsend, Adrian Mole: The Cappuccino Years; p.157. Penguin Books, 1999
Dear Stephen Fry,
My name is Adrian Mole. I once had the honour of cooking you a dish of tripe, which you pronounced 'unforgettable' (Hoi Polli, Sep. 15th, 1996). You didn't pay us a second visit, to lunch or to dine, but no matter, I still admire your erudition and wit.
I have recently decided to become celibate, and will shortly be turning into a celebrity, and I wondered if you as a celebrity celibate, have any tips on how to cope with both of these conditions. I expect you are busy but I'm sure you won't mind taking some time out of your schedule to advise someone who is practically your doppelgänger. I too am a bit of an intellectual.
Cheers, Steve,
Yours, Adrian Mole
PS. I would appreciate an early reply.
Sue Townsend, Adrian Mole: The Cappuccino Years; p.157. Penguin Books, 1999
Etiquetas:
novela
viernes, 22 de agosto de 2008
Cosas a estudiar
Puedes mirar, en la confianza de que siempre son correctos, a Ticiano, el Veronés, Tintoreto, Giorgione, Giovanni Bellini y Velázquez; eso, por supuesto, siempre que la autenticidad de la obra esté garantizada por una autoridad fiable.
Puedes mirar con admiración, aunque admitiendo distinciones cuestionadoras entre lo correcto y lo erróneo, a Van Eyck, Holbein, Perugino, Francia, Angelico, Leonardo da Vinci, Correggio, Van Dyck, Rembrandt, Reynolds, Gainsborough, Turner y los modernos prerrafaelitas. Será mejor que no mires a más pintores que ésos, porque si lo haces pueden extraviarte muy lejos del camino, o hacerte incurrir en errores graves, pintores como Miguel Ángel, Rafael o Rubens; y, encima, pueden corromperte el gusto otros como Murillo, Salvator, Claude, Gaspard Poussin, Teniers y otros de esa clase. Puedes mirar, eso sí, como ejemplos de mal hacer, con garantía reprobatoria absoluta, bajo el convencimiento de que todo lo que ves es malo, al Dominiquino, los Carracci, Bronzino, y las figuras de Salvator.
Entre los que he nombrado para estudiarlos con cautela, no mires demasiado, ni te entusiames demasiado con ellos, a Angelico, Correggio, Reynolds, Turner y los prerrafaelitas; y si se da el caso de que te encaprichas de cualquiera de los otros, deja de mirarlo porque andas mal en un sentido y otro. Por ejemplo, si te empiezan a gustar especialmente Rembrandt o Leonardo, estás perdiendo la sensibilidad al color; si son Van Eyck o el Perugino, te gusta demasiado el detalle rígido; o si te gustan especialmente Van Dyck o Gainsborough, seguro que te atrae demasiado la brumosidad de buen tono.
Jonh Ruskin, Técnicas de dibujo; p. 235. Ed. Laertes, 1999
Puedes mirar con admiración, aunque admitiendo distinciones cuestionadoras entre lo correcto y lo erróneo, a Van Eyck, Holbein, Perugino, Francia, Angelico, Leonardo da Vinci, Correggio, Van Dyck, Rembrandt, Reynolds, Gainsborough, Turner y los modernos prerrafaelitas. Será mejor que no mires a más pintores que ésos, porque si lo haces pueden extraviarte muy lejos del camino, o hacerte incurrir en errores graves, pintores como Miguel Ángel, Rafael o Rubens; y, encima, pueden corromperte el gusto otros como Murillo, Salvator, Claude, Gaspard Poussin, Teniers y otros de esa clase. Puedes mirar, eso sí, como ejemplos de mal hacer, con garantía reprobatoria absoluta, bajo el convencimiento de que todo lo que ves es malo, al Dominiquino, los Carracci, Bronzino, y las figuras de Salvator.
Entre los que he nombrado para estudiarlos con cautela, no mires demasiado, ni te entusiames demasiado con ellos, a Angelico, Correggio, Reynolds, Turner y los prerrafaelitas; y si se da el caso de que te encaprichas de cualquiera de los otros, deja de mirarlo porque andas mal en un sentido y otro. Por ejemplo, si te empiezan a gustar especialmente Rembrandt o Leonardo, estás perdiendo la sensibilidad al color; si son Van Eyck o el Perugino, te gusta demasiado el detalle rígido; o si te gustan especialmente Van Dyck o Gainsborough, seguro que te atrae demasiado la brumosidad de buen tono.
Jonh Ruskin, Técnicas de dibujo; p. 235. Ed. Laertes, 1999
miércoles, 20 de agosto de 2008
Dónde vivía y para qué
Fui a los bosques porque quería vivir deliberadamente, enfrentarme sólo a los hechos esenciales de la vida y ver si podía aprender lo que la vida tenía que enseñar, y para no descubrir, cuando tuviera que morir, que no había vivido. No quería vivir lo que no fuera la vida, pues vivir es caro, ni quería practicar la resignación a menos que fuera completamente necesario. Quería vivir con profundidad y absorber toda la médula de la vida, vivir de manera tan severa y espartana como para eliminar cuanto no fuera la vida, abrir un amplio surco y arrasarlo, arrinconar a la vida y reducirla a sus términos inferiores y, si resultaba mezquina, coger toda su genuina mezquindad y hacerla pública al mundo; o, si era sublime, saberlo por experiencia y ser capaz de dar cuenta de ello en mi próxima excursión.
Henry David Thoreau, Walden; p.138. Ed. Cátedra, 2007
Henry David Thoreau, Walden; p.138. Ed. Cátedra, 2007
lunes, 18 de agosto de 2008
Esperando a que llegara el ron
Entretanto, la Compañía A estaba en sus posiciones esperando a que llegara el ron; la tradición de todos los ataques exigía ración doble de ron antes del inicio. Todas las demás compañías habían recibido sus raciones. El Actor comenzó a maldecir:
-¿Dónde diablos habrá podido meterse el cantinero?
Preparamos nuestras bayonetas y nos colocamos en posición de ataque en cuanto Thomas llegó con las instrucciones. Por nuestro lado pasaban centenares de heridos.
- Órdenes del capitán: La Compañía A debe dirigirse a la línea del frente.
En ese momento llegó el cantinero, sin rifle ni equipo de ninguna clase, balanceando la botella de ron, con la cara roja y sudorosa. Se detuvo frente al Actor y le dijo:
- ¡Aquí tiene, señor! -tropezó en un agujero y cayó boca abajo en el lodo. El tapón de la botella saltó, y lo que quedaba de aquella botella de quince litros se derramó por el suelo. El Actor no respondió. Aquél era un crimen que merecía la pena de muerte. Puso un pie sobre el cuello del despensero y el otro en la espalda y lo hundió en el lodo. Entonces le dio a la compañía la orden de avanzar. La compañía avanzó con un martilleo de acero, y aquélla fue la última ocasión en que vi al despensero.
Robert Graves, Adiós a todo eso; p. 240. Aleph Editores.
-¿Dónde diablos habrá podido meterse el cantinero?
Preparamos nuestras bayonetas y nos colocamos en posición de ataque en cuanto Thomas llegó con las instrucciones. Por nuestro lado pasaban centenares de heridos.
- Órdenes del capitán: La Compañía A debe dirigirse a la línea del frente.
En ese momento llegó el cantinero, sin rifle ni equipo de ninguna clase, balanceando la botella de ron, con la cara roja y sudorosa. Se detuvo frente al Actor y le dijo:
- ¡Aquí tiene, señor! -tropezó en un agujero y cayó boca abajo en el lodo. El tapón de la botella saltó, y lo que quedaba de aquella botella de quince litros se derramó por el suelo. El Actor no respondió. Aquél era un crimen que merecía la pena de muerte. Puso un pie sobre el cuello del despensero y el otro en la espalda y lo hundió en el lodo. Entonces le dio a la compañía la orden de avanzar. La compañía avanzó con un martilleo de acero, y aquélla fue la última ocasión en que vi al despensero.
Robert Graves, Adiós a todo eso; p. 240. Aleph Editores.
jueves, 14 de agosto de 2008
Cuatro medidas
Vuelto Alejandro de la hoguera, convidó a muchos de sus amigos y de los generales a un banquete, en el que propuso un certamen de intemperancia en el beber, y corona para el que más se desmandase. Prómaco, que fue el que bebió más, llegó hasta cuatro medidas, y recibiendo la corona de la victoria, estimada en un talento, sobrevivió tres días. De los demás dice Cares que cuarenta y uno murieron en el acto de beber, habiéndoles acometido un frío violento en seguida de la embriaguez.
Plutarco, Vidas paralelas. Alejandro y Julio César; LXIX. Edaf, 1994
Plutarco, Vidas paralelas. Alejandro y Julio César; LXIX. Edaf, 1994
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