-Se me está poniendo la piel de gallina -anunció Candy.
-¿Tiene usted idea de en qué consistía ese secreto? -interrogó Dick.
-No. Jamás pude sonsacarle nada -admitió el detective. Pero sea lo que sea, quizá tenga que ver con los mensajes que estáis descifrando. Jim Brennan amaba y respetaba demasiado los acertijos para incluirlos en su testamento sólo por juego.
-Eso es cierto -murmuró Paul-. Condenadamente cierto.
-Atiza -exclamó Tom-. ¿Qué creéis que encontraremos si llegamos al final de la cadena de enigmas?
-Problemas -dijo Whisper, lamiéndose los labios manchados de yogurt.
Jonathan Gibb, La brigada juvenil. El enigma del acertijo burlón; p.58. Ed. Martínez Roca, 1980.
viernes, 19 de septiembre de 2008
miércoles, 17 de septiembre de 2008
El cuerpo
Nuestra insuficiencia es tal que basta con tapar dos de nuestros agujeros para que se nos cierre el mundo de los sonidos, y con tapar dos vías de acceso para que en nosotros se instale la noche. Basta con que una mordaza tape tres de esas aberturas, tan cerca una de la otra que pueden abarcarse sin dificultad con la palma de la mano, para acabar con ese animal cuya vida depende de un soplo. La molesta envoltura que él se veía obligado a lavar, a llenar, a calentar ante el fuego o con la piel de un animal muerto, a la que tenía que acostar por las noches como a un niño o a un anciano imbécil, servía contra él de rehén a la naturaleza entera y, peor aún, a la sociedad de los hombres. Tal vez llegara él a sufrir, por culpa de esa carne y de ese cuero, los horrores de la tortura. El debilitamiento de aquellos resortes sería lo que algún día le impidiera acabar congruentemente la idea esbozada. Si en ocasiones le parecían sospechosas las operaciones de su espíritu, que él aislaba por comodidad del resto de la materia, era sobre todo porque aquel inútil dependía de los servicios del cuerpo. Estaba harto de aquella mezcla de fuego inestable y de densa arcilla.
Marguerite Yourcenar, Opus Nigrum; p.174. Diario El País, 2005.
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novela
lunes, 15 de septiembre de 2008
Kippel
-¿Y va a entrar sola en los apartamentos? -No lo podía creer.
-¿Por qué no? -Volvió a estremecerse, e hizo una mueca, consciente de haberse equivocado.
-Una vez lo hice -dijo Isidore-. Después me metí en casa y no volví a pensar en el resto. Apartamentos donde nadie vive..., centenares de ellos. Están llenos de cosas: fotos de familia, ropas... Los que murieron no pudieron llevarse nada, y los que emigraban no querían... Aparte de mi piso, este edificio está completamente kippelizado.
-¿Kippelizado? -Ella no entendía.
-Kippel son los objetos inútiles: las cartas de propaganda, las cajas de cerillas después de que se ha gastado la última, el envoltorio del periódico del día anterior. Cuando no hay gente, el kippel se reproduce. Por ejemplo, si se va usted a dormir y deja un poco de kippel en la casa, cuando se despierta a la mañana siguiente hay dos veces más. Cada vez hay más.
Philip K. Dick, ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?; p.76. Edhasa-Círculo de Lectores, 2004.
lunes, 8 de septiembre de 2008
El viaje
Ningún viaje, fuera el que fuere, ningún trabajo, nada nos impediría hacerlo. De alguna manera, probar que podíamos llevar a cabo ese viaje era probarnos que teníamos armas contra lo tenebroso, no sólo en sus grandes manifestaciones como la que acababa de dejarnos tan frágiles, sino también en sus expresiones más solapadas, la banalidad de las obligaciones cotidianas, esos compromisos que no significan nada en sí mismos pero que en conjunto alejan cada vez más de ese centro donde cada uno espera vivir su vida. Recibimos la enfermedad de Julio como una advertencia. No vivir su vida en lo que tiene de más real es un crimen, no sólo con respecto a uno mismo, sino a los otros.
Carol Dunlop y Julio Cortázar, Los autonautas de la cosmopista, o Un viaje atemporal París-Marsella; p.43. Ed. Alfaguara, 1996.
viernes, 5 de septiembre de 2008
En el curso de los últimos cinco años
En el curso de los últimos cinco años he tomado mescalina dos veces y ácido lisérgico tres o cuatro. Mi primera experiencia fue primordialmente estética. Las experiencias posteriores fueron de otra naturaleza y me ayudaron a entender muchos asertos oscuros que aparecen en los escritos de los místicos cristianos y orientales. Un sentimiento inefable de gratitud por el hecho de haber nacido en este universo. ("La gratitud es el cielo mismo", dice Blake, y ahora sé exactamente a qué se refería.) Una trascendencia respecto de la relación corriente sujeto-objeto. Una trascendencia respecto al miedo a la muerte. Un sentimiento de solidaridad con el mundo y con su principio espiritual y la convicción de que, a pesar del dolor, la maldad y todo lo demás, las cosas están de alguna manera en perfecta condición [...] Finalmente, una comprensión, no intelectual, sino de alguna manera total, una comprensión con el organismo íntegro, de la afirmación de que Dios es Amor. Las experiencias son pasajeras, claro está; pero su recuerdo, y sus resurgimientos incipientes que tienden a repetirse espontáneamente o durante la meditación, continúan ejerciendo un efecto profundo sobre la mente del sujeto.
Aldous Huxley, Fragmento de una carta al padre Thomas Merton. Extraído de: Moksha. Escritos sobre psicodelia y experiencias visionarias 1931-1963; p. 376-7. Ed. Edhasa, 2007
Aldous Huxley, Fragmento de una carta al padre Thomas Merton. Extraído de: Moksha. Escritos sobre psicodelia y experiencias visionarias 1931-1963; p. 376-7. Ed. Edhasa, 2007
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miércoles, 3 de septiembre de 2008
No mires hacia atrás
Limítese a permanecer sentado y descanse. Trate de divertirse con esto: es el último cuento que va usted a leer en su vida; o casi el último. Una vez leído, puede quedarse ahí un rato, o encontrar excusas para remolonear por su casa, su cuarto, su oficina o el sitio donde se encuentre al leer; pero, tarde o temprano, tendrá que levantarse y salir. Ahí es donde le estaré esperando: fuera. O tal vez más cerca. Puede que, incluso, en esta misma habitación.
Desde luego, usted cree que esto es una broma. Supone que se trata sólo de un cuento de un libro y que yo, en realidad, no me refiero a usted. Pero juegue limpio: admita que le estoy advirtiendo lealmente.
Frederic Brown, No mires hacia atrás. Extraído de: Prohibido a los nerviosos (comp.: Alfred Hitchcock), p. 396; Círculo de lectores, 1989.
Desde luego, usted cree que esto es una broma. Supone que se trata sólo de un cuento de un libro y que yo, en realidad, no me refiero a usted. Pero juegue limpio: admita que le estoy advirtiendo lealmente.
Frederic Brown, No mires hacia atrás. Extraído de: Prohibido a los nerviosos (comp.: Alfred Hitchcock), p. 396; Círculo de lectores, 1989.
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novela
lunes, 1 de septiembre de 2008
Una sola nota musical para Hölderlin
Si pierdo la memoria, qué pureza.
En la azul crestería la tarde se demora,
retiene su oro en mallas lejanísimas,
cuela la luz por un resquicio último, se extiende y me delata
como un arco que tiembla sobre el aire encendido.
¿Que esperaba el silencio? Príncipes de la tarde, ¿qué palacios
holló mi pie, qué nubes o arrecifes, qué estrellado país?
Duró más que nosotros aquella rosa muerta.
Qué dulce es al oído el rumor con que giran los planetas del agua.
Pere Gimferrer, Poemas (1962-1969); p.162. Visor Libros, 2000.
En la azul crestería la tarde se demora,
retiene su oro en mallas lejanísimas,
cuela la luz por un resquicio último, se extiende y me delata
como un arco que tiembla sobre el aire encendido.
¿Que esperaba el silencio? Príncipes de la tarde, ¿qué palacios
holló mi pie, qué nubes o arrecifes, qué estrellado país?
Duró más que nosotros aquella rosa muerta.
Qué dulce es al oído el rumor con que giran los planetas del agua.
Pere Gimferrer, Poemas (1962-1969); p.162. Visor Libros, 2000.
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